Mar 1

Roma al desnudo

Publicado por Viajes a Roma (Marzo 1, 2009) - No hay Comentarios

Roma al desnudo

Dicen que Roma es la ciudad que muestra en sus calles más estatuas desnudas. También dicen que es una de las que más tiendas posee. Te mostramos esta faceta de esta majestuosa e histórica cuidad.

En el estrecho entorno de la plaza del Capitolio hay cuatro estatuas colosales y un sinnúmero de pequeñas estatuas cuya característica común es que representan hombres desnudos. Ya se sabe que el arte romano era más dado a mostrar el cuerpo masculino sin tapujos que a desnudar a la mujer, y allí hay una buena prueba: Castor y Pólux a ambos lados de la escalera que ideó Miguel Ángel para recibir al emperador Carlos V; dos imágenes de Marforio, dios de los ríos, que representan al Tíber y al Nilo con unos cuernos de la abundancia entre las piernas que parecen otra cosa; Rómulo y Remo representados como niños que maman de la madre loba, y aquí y allá, y arriba y abajo, otros personajes que aparecen sin pudor como los dioses.

Desnudos antiguos y vestidos modernos

Las calles y plazas del centro de Roma sirven de pedestal para que las estatuas desnudas ocupen su espacio frente a los grandes anuncios que sirven de reclamo y visten a la mujer con ropas de marca o con perfumes alados. En Vía Condotti, desde su nacimiento en la plaza de España frente a la azulada fuente llamada La Barcaccia hasta su fin en Via del Corso, los grandes nombres de la moda femenina se suceden tienda a tienda. A veces, hay que dejar la riada humana que se contenta con mirar los escaparates y entrar en patios solitarios; otras, abandonarse al encanto de las luces de neón acariciando la tarjeta de crédito y abrir la puerta de un mundo solo reservado a unos pocos.

Aunque al fin haya quien se contente con tomar un té en Babington o un café en el Greco, sentarse en la gran escalinata al lado de la Casing Rosca donde habitaron los románticos Keats, Shelly y Byron, y comprar algo para cubrirse escasamente en las cercanas vías del Tritone, Corso, Frattina, Crocce, Borgognona o Babuino cuidando de que quede al aire el contorno del vientre y la baja espalda y se reconozca con claridad el color de la mínima ropa interior.

Fuentes e incluso iglesias

En la Plaza Nabona, la fuente de los Cuatro Ríos (el Nilo, el Danubio, el de la Plata, el Ganges) es un prodigio de desnudeces. También la de Trevi y otras menos conocidas (como la de las Tortugas), o el basamento de la columna de Antonino Pío con un genio alado en sobrerrelieve que lleva al paraíso al emperador y a su esposa Faustina; o el descomunal Hércules Farnesio de las termas de Caracalla en la antigua Vía Apia; o el Rapto de las cabinas que pintó David con los hombres combatiendo desnudos y las mujeres vestidas. Porque en aquella Roma inmortal que fue muriendo y resucitando al paso de los siglos nada ni nadie se ha librado de este impudor, ni siquiera lo más sagrado.

El Cristo de Miguel Ángel, que se guarda junto al pilar del coro en la iglesia de Santa María Sopra Minerva, se presenta con un cuerpo limpio, desnudo y tan hermoso como el Apolo del Belvedere; la Creación de Adán y el Juicio Final de la Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel contienen más de trescientas figuras humanas, muchas de ellas desnudas; y en los museos vaticanos, esculturas como el Laocoonte y sus hijos o Dorífero muestran su bella desnudez.

Mientras, en las escaleras de Santa Trinitá dei Monti, en el arco de Septimio Severo, en la Judería o el Trastevere, los jóvenes muestran su cuerpo sin contemplación alguna como lo hace la piedra antigua convertida en arte.

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